En condiciones de temperatura y presión ambiente, el cloro es un gas de color amarillo verdoso y olor irritante característico. El límite de detección olfativo está entre 0,02 y 0,3 ppm, ligeramente por debajo del umbral tolerable sin riesgo para la salud. El cloro gaseoso pesa dos veces y media más que el aire: un escape accidental permanece a nivel del suelo o en los puntos más bajos.
A temperatura ambiente y con presiones de mas de 7 bar, el cloro se presenta en forma de líquido amarillo 1,4 veces más pesado que el agua.
El cloro seco no ataca los metales comunes en frío, pero si es muy agresivo cuando hay humedad. En caliente reacciona con todos los elementos.
Esta gran capacidad de reacción es la que confiere al cloro sus excelentes propiedades oxidantes. El cloro se utiliza en más del 50% de las actividades químicas. Gracias a él podemos disponer de productos tan cotidianos como los compact-disk, los cd-room, las raquetas de tenis, los esquís, las células captadoras de energía solar. El cloro garantiza que el agua de consumo público que llega a nuestros grifos, esté exenta de organismos patógenos.
Aplicación: Desinfección de aguas: El cloro elimina los gérmenes patógenos presentes en agua. Al mismo tiempo controla su proliferación en las canalizaciones y en los depósitos de agua bruta o parcialmente tratada.
Eliminación de olores mediante la oxidación de sulfuros y otros compuestos orgánicos.
Eliminación de los excesos de hierro y manganeso de las aguas captadas para su posterior potabilización.
Fabricación de PVC.
Fabricación de clorometanos como el cloroformo, cloruro de metileno y tetracloruro de carbono, ampliamente utilizados en los campos de refrigeración, pinturas y síntesis químicas.